Acabo de enterarme que Barrio Sésamo celebra hoy su cuadragésimo aniversario. ¡Qué recuerdos! Epi y Blas, el Monstruo de las galletas, Coco... Y, en españa, Espinete y don Pimpón. Ése sí que era un programa infantil de calidad: enseñaba y divertía de forma sana e inteligente.
Por Barrio Sésamo.
viernes 6 de noviembre de 2009
martes 6 de octubre de 2009
Canto I de la Divina Comedia (recital de Benigni)
Hace unos años, Roberto Benigni realizó un conmovedor recital de la Commedia de Dante Alighieri en la Piazza della Santa Croce de Florencia, escenario privilegiado para la evocación de la ciudad dantesca y del espíritu de su tiempo. El italiano (florentino) de Dante (de finales del Duecento y comienzos del Trecento) resulta difícil de comprender incluso para los italianos, pero quien sepa italiano como yo entenderá fragmentos (si bien es cierto que yo también he leído muchos de los cantos de la obra en versión bilingüe). De todas formas, estos versos sublimes (en terceto encadenado) transmiten una gran fuerza, emotividad y sofisticación con su sola musicalidad.
"Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai in una selva oscura
che la diritta via era smarrita..."
jueves 3 de septiembre de 2009
El desprecio de Jean-Luc Godard (Le mépris, 1963).
El laberinto del amor como esencia de la vida, la tragedia de quien es amante. Así se podría definir esta película, El desprecio (Le mépris), una de las más famosas de Jean-Luc Godard, destacadísimo representante de la corriente cinematográfica francesa conocida como Nouvelle Vague que rompió con todos los esquemas preconcebidos del mundo del cine en la década de los 60, tanto a través de sus films como de su revista Cahiers du Cinema.
Sin ser un experto ni mucho menos en la Nouvelle Vague ni en Godard (es la primera de sus películas que veo; por cierto en versión original subtitulada, para mayor disfrute), Le mépris me parece una obra de un carácter muy intelectual en su contenido y, en el ámbito formal, de pretensión rupturista. Es verdaderamente simbólico que la película empiece con una escena en la que se presenta el trabajo de un equipo de grabación (esto es, la "trastienda" de todo redaje, lo que no se debe ver), mientras una voz en off le revela los créditos al espectador. En la siguiente escena (una escena de cama), en la que se presenta a los dos protagonistas -la pareja encarnada por Michel Piccoli y Brigitte Bardot-, el director juega con las tonalidades de la imagen, sometida a un solo color graduado (azul, amarillo, rojo...). Además, en la película todo gira en torno a un rodaje en el que se versiona la Odisea según la opinión de que Ulises y Penélope han dejado de quererse, llegando incluso a ser despreciado el primero por la segunda. Esto es lo que opina el tiránico productor (Jack Palance) y el personaje de Piccoli, que es su guionista, y quien vive en sus carnes el sabor del desprecio por parte de su mujer Camille (Brigitte Bardot). Haciendo de sí mismo, el gran Fritz Lang es el director de esa Odisea surrealista y el único personaje cuerdo y sincero, del que se diría que ha alcanzado la sabiduría vital.
Basada en la homónima novela del neorrelista italiano Alberto Moravia, El desprecio narra cómo un malentendido, acrecentado por la desilusión mútua, lleva a la autodestrucción de una joven pareja. Ella se siente abandonada por él; él despreciado por ella. Y el desprecio acaba por triunfar, así como un final trágico, fruto de la incompresión. En este aspecto, la película me recordó a la famosa incomunicabilità que caracteriza a los personajes femeninos de Antonioni (del que ya he hablado en este blog).
Os dejo con lo que parece el trailer de la película. Muestra la genial rareza de Le mépris, el genio de Godard. La música del film, por cierto, es bellísima.
miércoles 22 de julio de 2009
Discurso de Antonio en el Julio César shakespeariano
Aquí os dejo una de mis escenas favoritas dentro de las más memorables de la historia del cine: el discurso de Antonio en el funeral de César, momento crucial del Julio César de William Shakespeare llevado al cine por Joseph L. Mankiewicz en 1953. La interpretación de Marlon Brando es magistral; sólo por este monólogo podría decirse casi sin duda alguna que Brando ha sido el mejor actor de la historia, así como a través del mismo se aprecia la genialidad de Shakespeare. ¡Qué gran demagogo es el Antonio shakespeariano!
viernes 3 de julio de 2009
sábado 27 de junio de 2009
El Gatopardo

Hay pocas satisfacciones como la del descubrimiento y lectura sosegada de un clásico y la paralela comprensión de su universalidad. El buen lector alcanza, entonces, un estado de plenitud. Así me hallé yo durante la lectura de una novela que hacía tiempo que quería leer, pero para la que esperaba el momento idóneo. Estoy hablando de El Gatopardo (Il Gattopardo), capolavoro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) y una de las obras maestras de la literatura del siglo XX. Así que no me he resistido a comentar algunos aspectos de ella.
En primer lugar, hay que desterrar totalmente el recuerdo que se tenga de la adaptación cinematográfica realizada por Luchino Visconti en 1963: acertada en el reparto (Burt Lancaster es la viva imagen del príncipe de Salina), la película resulta, por lo demás, lenta, larga y muy superficial. Cuando se habla de El Gatopardo se suele pensar en el film, traspasándose la opinión habida de una a otra, en un acto de suma injusticia.
El Gatopardo es la historia del fin de una época, de los restos del poder aristocrático y feudal en Sicilia y de los modos de vida y claves que lo regían y su fin con el proceso de unificación italiana que conllevó el triunfo de los liberalismos y, en concreto, el ascenso de la burguesía, con sus nuevas reglas.
Ese fin de una época --presentado con ironía y nostalgia a un tiempo por Lampedusa, centrándose en el devenir de una familia noble, los Salina, y, sobre todo, en su cabeza, el príncipe don Fabrizio (trasunto de su bisabuelo)-- es el marco tomado por el autor para realizar, a través de don Fabrizio, un conjunto magistral de reflexiones acerca del sentir de la aristocracia, pero asimismo (y sobre todo), acerca de la condición humana y del ser siciliano. Véase cuando al final del capítulo 4 don Fabrizio le explica a Chevalley (enviado del reino del Piamonte a Sicilia para convencer al príncipe de que acepte ser senador) que los sicilianos no gustan de los cambios, sino que quieren mantenerse en un inmóvil sueño de perfección, inmune a las influencias de todos los pueblos que les han gobernador durante su historia. Don Fabrizio, además, está moralmente comprometido con el viejo régimen, a pesar de aceptar el nuevo para sobrevivir a él sin sobresaltos. El príncipe de Salina toma como válido el lema de su querido sobrino Tancredi: "Para que todo siga igual es preciso que todo cambie"; los Salina serían siempre los Salina, aunque Tancredi se case con la bella hija del despreciable y codicioso, pero rico burgués, don Calogero. Y, sin embargo, don Fabrizio comprenderá, antes de morir, que se había equivocado y que su mundo había desaparecido, ante su intencionada pasividad. Como noble, el príncipe de Salina., encarnación del Gatopardo, símbolo heráldico de su familia, aunque inteligente, orgulloso y seductor, había vivido toda su vida sólo para sí mismo.
La prosa de Lampedusa está llena de lirismo y elegancia (tanto que tengo ganas de leerla en italiano), sin duda deudores de sus muchas lecturas de los autores franceses del XIX, como Stendhal. Ello, unido a su capacidad recreadora, a su penetración psicológica en los personajes y a su agudeza reflexiva, hacen, a mi juicio, de El Gatopardo una obra maestra que, a pesar de estar reconocida, pienso que hoy ha vuelto a ser un tanto relegada. Yo mismo, aun habiendo leído grandes alabanzas de la novela, me sorprendí gratamente con la frescura de su estilo y desarrollo, y desde el comienzo de su lectura me fascinó. El Gatopardo está entre mis obras imprescindibles, y me reafirma en la idea de que es en la literatura italiana del siglo XX en la que más a gusto me encuentro al hallar en ella un mundo muy cercano y unos vínculos muy fuertes con mi forma de entender la vida y la literatura.¡Y pensar que esta obra fue rechazada en su momento por las más importantes editoriales italianas y que sólo el fino gusto de Giorgio Bassani y su determinación de que se publicase pudieron hacerla ver la luz, con la colaboración del editor Feltrinelli!. Es una lástima que Lampedusa no llegara a ver su gan obra publicada, al morir en 1957, un año antes de que esto sucediese.
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